RED | PRESENTE | One Shot NSFW | Izeth & Ecta
Added 2023-07-19 00:41:53 +0000 UTCUna insistente alarma que se escondía por alguna parte del mueble, exalta al casi treintañero en aquella mañana. Un gruñido seguido de torpes movimientos en búsqueda del móvil, lo ayudaban a despertarse, «Qué escándalo, qué escándalo», se dijo algo molesto. Hasta que, colmado; tiró toda la lencería de la cama para encontrarlo bajo él mismo. Las horas marcaban las cinco en punto de la mañana, se aclaró los ojos mientras se estiraba lo máximo que podía, bajo un mudo bostezo. A su ritmo nada apurado, se vistió con una camiseta que se colgaba en el perchero de pared, junto con unos shorts sueltos de deporte; se calzó unos tenis descuidados dado a su uso y se ató el cabello en un moño alto para que no le incomodara el contacto con el sudor. Todo ejecutado con un matutino silencio, ya que su compañera de apartamento le exigía no ser ruidoso tan temprano por la mañana.
Así pues, cruzó la puerta de la habitación; concentrado creando la programación del día, pero esa mañana; no esperaba tan temprano encontrarse con la aludida.
—Hey—, susurró como saludo—, al mismo tiempo ¿Eh? —; comentó con la intención de cuestionar a la oji verde, mientras seguía con la mirada la esbelta figura de la chica; que vestía un llamativo conjunto de short y crop top rosa licrado. «¿Y esas fachas?», pensó extrañado tras el último análisis.
—Ve adelante—, le ojeó indiferente—; debo pasar por el supermercado para la alacena de Bianco—. Aseguró ella mientras cargaba su termo con agua.
—Eh… yo podía ir…—; bostezó—; digo, si es la razón por la que despertaste temprano… para después no estar discutiendo lo de la distancia y bla…bla…—, sugirió algo elevado, ya se comenzaba a extrañar de ver la figura de la señorita cada vez más despreocupada de su presencia. «En los primeros meses se vestía hasta el cuello…», recordó intranquilo. «Pareciera que está segura de que no le haría nada como antes, soy un hombre… claro que esto me llama la atención. Sin embargo… Uh. No les des la razón, no pienses una posibilidad, no la hay…». Intentó convencerse para quitarle la vista de encima.
—Na-ah. Tienes razón—, comentó a lo que intentaba alcanzar con esfuerzo un par de frascos de las gavetas superiores—, a veces debo recordar que sigo estando sola... No debo depender de ti—
No pasaron más de tres segundos para que el peli teñido reprochara el empoderado comentario. Dejó escapar una risa hilarante, admirando la perseverancia de la señorita al intentar alcanzar el objeto de la repisa —; seh… seguro que sí— dijo sarcástico, mientras se aproximaba a la oji verde en su claro auxilio—. Venga, yo lo alcanzo— dijo seguro de sus atributos con la estatura.
—Hazte a un lado—, insistió apresurada.
—Necia—, se mofó haciendo más lejos los objetos de lo que ya estaba.
—¡Estúpido! —; exclamó colmada, ocultando con una apretada sonrisa dado lo infantil que estaba siendo su compañero de apartamento.
Pero antes de que se dieran cuenta entre su chantaje, la señorita da un último salto que, al amortiguar, su cadera justo se deslizó contra la entrepierna del peli teñido.
Ambos cortaron la risa contagiosa, volviéndose en ahora un incómodo silencio.
Izeth no pudo evitar mirar hacia abajo.
—Ah... eh…—, titubeó apenas.
Pero antes de que pudiera gesticular alguna disculpa genérica, la oji verde redirecciona su capricho.
—T-también necesito…este—, susurró con la cabeza abajo.
El mayor inducido por el shock, obedeció.
La joven le señalaba otros frascos aún más complicados de alcanzar. Paralizado en su obra, se inclinó para llegar hasta el elemento solicitado, arrimándose al mesón y junto con ello, comprometiendo el roce que obligaba apoyarse a la oji verde contra el mueble.
—Gh-hk—. Musitó la señorita, mientras no se resignaba aún en alcanzar lo que necesitaba.
Confundido, intentó alejarse; pero ella enseguida lo retiene del antebrazo.
«Esto no puede ser real», cuestionó anonadado.
—E-eh…hah —; exhaló retraída, a lo que exploraba con movimientos envolventes la superficie que le causaba curiosidad.
«No…no… maldición… ¿Estoy en serio poniéndome duro porque puedo cogerla sin repercusiones? Mierda, me sentía controlado en mi ignorancia… pero ella tenía que decirme que todos creen que no es virgen…».
El peli teñido tenía en blanco su mente, estaba entre tomar las riendas del asunto como hombre o desertar la oferta; a lo que Ecta le divisa de escorzo, con una tímida expresión de sugestión.
—Ect…—, susurró con una pobre ganancia de oxígeno, intentando buscar respuestas en su provocativa mirada; la única fuente de luz que le permitía ver el estimulante momento, era apenas la penumbra del viejo foco del pasillo. Así pues, tomó pesadamente aire, correspondiéndole con sumo cuidado el movimiento, tratando de no espantarla.
Como esperaba, la joven reaccionó rígidamente, tensionando su cadera baja.
Por un segundo, Izeth estuvo a punto de detenerse, pero como si le hubiera leído la mente, relajó progresivamente su cuerpo, dejando escapar uno que otro gemido para hacerle saber que estaba a gusto y que podía sentir lo intenso que se manifestaba el miembro de su compañero por el roce de su trasero.
«¿Por qué me estás dejando ir cada vez más lejos?... no puedo detenerme… hoy se ve tan atractiva».
Dejándose llevar por la tentación, se acercó por la nuca de la joven, respirando profundamente su aroma. «Qué débil soy», pensó frotando sus labios por el pabellón de la oreja, rozando con lo que deseaba convertir en atrevidos chupones a lo largo de su femenino cuello.
La mañana se había tornado de repente tan callada, limitando los gemidos que podían escucharse desde afuera, para volverlos ansiosas exhalaciones que acompañaban el roce de sus ropas.
Insatisfecho con la perspectiva, hizo que la joven le diera su frente y ejecutando la misma tarea, mientras acariciaba sus brazos, le propone con cuidado—. ¿Puedo? —, consultó culposamente tentado.
Consumida por la vergüenza, asiente con la cabeza.
Entonces el peli teñido con la misma metodología, bajó con cuidado una de las tiras del top, descubriendo y palpando la juvenil piel de la oji verde con poco cuidado.
—¡H-heek! —, automáticamente castigó su expresión mordiéndose el labio inferior, ocultándose el rostro con una mano.
Sus senos no eran exorbitantes, pero dada la proporción de la joven, le daba su detalle virginal que enloquecían al peli teñido de las tantas características de ella.
El mayor se llenaba cada vez más de ansiedad por probar cada pedazo de su ser, bajó con su mano libre la otra tira descubriendo a su igual, y con la misma mano lo toma mientras se desconoce bruscamente con el otro.
—Maldición, qué buenas están—, confesó rústicamente, mientras las agarraba con un tosco deseo.
La joven sabía lo insolente que era el lenguaje de su compañero bajo la excitación y lo mucho que la extasiaba la forma en la que no respetaba su posición. «Ya las extrañaba», pensó cautivado por la belleza natural de ellas.
En un arranque seductivo, la oji verde aprovecha la cercanía de una de las robustas manos del mayor y se trae a la boca el índice, lamiéndolo y chupándolo como lo había practicado en su soledad, aunque intentándolo; el mayor logra estremecerse, observando cómo añade el anular para simular su intento de sexo oral con él.
«Ahh…no me puedo contener, quiero sencillamente…», sin procesar más lo extraño de la situación, empujó los dedos hacia los límites de la cavidad bucal de la señorita, generando una inesperada arcada que lo tensionó.
—Te gusta, ¿eh? —; dijo lascivamente cerca de su rostro—, qué duro has logrado ponerme, niñita malcriada.
Ecta tras esa última declaración, observa de reojo al excitado hombre, aún ejecutando su tarea oral, le dedica una sonrisa pícara de satisfacción, sabiendo lo personal que se tomaría aquel gesto.
Sin cuidar la fuerza aplicada, Izeth sujeta el rostro con la misma mano con la que la señorita realizaba su trabajo, violentando sus labios en un ordinario beso lleno de deseo, mientras se estimulaba a sí mismo, complacido de la simulación oral que ella le invitó hacer.
—Q-quiero…—; expresó tímida, mirando apenada sobre la forma en la que el mayor apretaba superficialmente su miembro—¿M-me dejas… intentarlo?
Sin embargo, el peli teñido suelta una risilla condicional—, no…—; negó preocupado, sin alejarse tanto de la joven.
—D-déjame hacerlo… ¡Yo quiero! —; insiste abandonando su naturaleza conservadora.
«¿Debería detener este chiste de mal gusto ahora mismo?», se cuestionó medio consciente de la propuesta. Aunque sus pensamientos lo traicionaban, no podía negar que le guardaba cierto respeto a la dama. Muy pocas veces había logrado ejecutar un jugueteo previo con ella, como el que estaba llevando a cabo. Ver que él es el responsable de darle cuerda a un momento de calentura mal controlado, era su amigo abajo quién le pedía a gritos ceder. Aun así, era difícil imaginarla haciendo un trabajo allí; para él, ella seguía siendo una inexperimentada señorita...
La indecisión del momento hizo que la joven se apoyara en sus rodillas ansiosa; aferrándose a los shorts del peli teñido. Como respuesta le neutralizó ambas manos antes de que continuara—. Por favor quiero…saber…—; musitó perdida en el cóctel de sensaciones que le había dejado aquella caricia en su busto.
Izeth no podía negar lo malditamente listo que estaba, era complicado negarse a la oportunidad voluntaria de la chica que más sed de hacerla suya ha tenido. Lentamente soltándole las manos con una expresión de ‘Tú ganas’; la dejó a su merced toda su cadera baja.
Emocionada, se acercó a la masculinidad del hombre, bajó con torpeza los shorts junto con sus interiores, observando con atención cómo se iba descubriendo el pre estimulado miembro, logrando avergonzar al mayor.
—¿Qué te he dicho de quedarte viendo no más? — dijo con una sonrisa nerviosa el peli teñido—, no es la primera vez.
—Es que…—; sonríe—, ha envejecido también—; afirma con una mueca; agarrando de la base la virilidad de su compañero, dándole un rumbo desmañado al masaje, como si estuviera analizando su comportamiento.
De inmediato, el mayor intervino para guiarle cómo no echar a perder el momento—. ¿Puedes no verte sabelotodo en esto? — dijo levemente irritado por lo coreografiado se veía su intención.
Tomó la misma mano que parecía querer masturbarle, guiándole qué movimiento era más placentero para él—; así, sí. Se siente bien.
Dejándose llevar por el vaivén, la señorita se relamía los labios pensando en cómo iba a recibir a su compañero. Se acercó al palpitante glande, dándole una suave probada como si se tratara de un bombón. Buscó la aprobación en las expresiones del mayor, pero este parecía no sentirse motivado a interactuar.
Con ayuda de su mano, subía y bajaba la caliente punta de la que no paraba de salir líquido seminal. Mientras que, con sus labios; hacía movimientos rotativos suaves, acompañada de su lengua, que palpaba el alrededor del mismo. Estaba muy concentrada en las texturas qué tenía el jugoso miembro de su compañero, soltando uno que otro gemido descuidado.
Relajado por haber conseguido que se inspirara la joven, su respiración había cambiado, dejando escapar jadeos que le causaba ver aquella increíble escena. Acariciando el costado del rostro de Ecta, la empujó hacia delante, mostrándole que quería ir más profundo—, cómetelo—; musitó demandante.
Mirándole desde abajo, la señorita asiente e intenta tomar todo lo que puede de aquel maduro trozo de carne en su caliente boca, retractándose con cierto grado de humor—, sí que es grande…—; comentó apenada, aceptando ese recurrente comentario que hacía su compañero sobre su miembro y que ahora, podía confirmar la talla.
El peli teñido hizo una mueca risueña hacia abajo—; no experimentes con él—, sugirió avergonzado y le acarició un costado de la cabeza para presionarla a que lo intentara otra vez.
Esta vez más confiada de sus límites, probaba poco a poco. Salivaba hambrienta, mientras con la otra mano ayudaba a subir y bajar el grueso miembro de su compañero. Ella podía palpar con sus labios las venas que lo alimentaban, y lo duro que se estaba manteniendo. Sus envolventes descendencias iban mejor inspiradas cada vez más, no podía detenerse; no quería aun dejarlo en paz. La pervertía chupar, lamer y apretar con su pequeña boca lo poco que podía tomar de él.
—A-hah. Mierda—, gimió sin cuidado el mayor, dándose cuenta que realmente lo hizo exhalar la señorita. Sostuvo con una mano debajo de la quijada de la joven, mientras que con la otra manipulaba su falo, golpeaba los labios de la oji verde y volvía ingresarlo en su cavidad oral. Estaba muy excitado, trataba de no mirarle para no terminar tan rápido las cosas allí. Le prendía mucho la idea de su inexperiencia, que a lo mucho él estaba siendo uno de los únicos hombres que estaba profanando aquella señorita tan codiciada por la organización—, la niña de papi dándome una puta mamada— dijo con una morbosa satisfacción.
No pudo quedarse callado, necesitaba liberar la tensión que lo estaba presionando a terminar pronto.
La joven afirmaba con muletillas gemidas, extasiada de los jugos hormonales que podía sorber de su compañero, lo quería sobre estimular para probar hasta dónde podía llegar su autocontrol—. Aah…justo ahí. Mmh… Huhr…—, gruñía de la excitación. Sostuvo dominante el rostro de la joven, aprisionándola contra el mesón, para luego embestir sin cuidado el fondo de su garganta, hasta donde ella pudiera soportar la respiración. Las arcadas le indicaban las pausas que debía darle; sacaba tosco el miembro de su boca, para volverlo a intentar. La oji verde exhalaba en inhalaba agitada por la provocada tos de cada embestida—. Qué bien se siente follarte la jodida boca—, susurró apretando la mandíbula—. ¿Eso querías? —, le dice mientras se agitaba atrevidamente el duro miembro a pocos centímetros del rostro de la señorita, golpeando moderadamente su rostro con el mismo. La joven abrumada por la excitación, afirmaba sumisamente tras cada comentario que le hacía su compañero, le daba gusto que estuviera tan motivado por apenas su boca.
Entonces mientras ella no lo esperaba, el mayor la levanta del suelo, dándole vuelta a su posición inicial. Se arrimó con total perversión a su cuerpo, mientras frotaba su miembro por el short de la señorita. Corrigió la postura de su compañera tomándola suavemente del cuello para obligarla a mirarle, mientras con la sobrante, atraía la cadera contra la suya.
El mayor baja con brusquedad los shorts de la señorita hasta la mitad de sus muslos, en la misma posición mientras la sometía con la mano en el cuello, comenzó a frotar su falo entre las poco agraciadas nalgas de ella, quebrándose la poca voluntad que tenía para mantenerse en pie—. ¡Mmnff! Hg…heeh—, gemía cautivada.
Dejándose llevar por la oportunidad de explorarla, el mayor desliza suavemente sus dedos por la ingle de la joven, palpando el jugo que se estaba desperdiciando a su parecer. Exhaló un grave jadeo, emocionado por lo tan arreglada que estaba Ecta para el momento.
Sin solicitar permisos frotó descaradamente sus dedos por el interior de los tiernos labios mayores de la joven trayendo consigo una abundante cantidad de sus fluidos—, me gusta que tengas mucho de esto—; susurró en su oído, al tiempo que se merendaba lo que había recogido de la húmeda vulva de la señorita.
—Haahg…Gh… T…tócame más… Ize...th—, musita sofocada.
El mayor palpa circularmente los hinchados labios mayores de la chica, también él llenándose de morbo debido a la tierna piel de la joven. Dividiéndolos con sus dedos para después, frotar con paciencia él saco del clítoris sin prisa.
—¡Haaah-k! ¡Mhh-! Sí… sí—, gemía en voz baja la dama. Moviendo su cadera para sentir el caliente falo que aún estaba entre sus nalgas. Estaba muriendo de placer al sentir la pesada y calluda mano del mayor, que exploraba con un sediento morbo la virginal vulva. Cada tanto volvía a robar de la fuente con efectos afrodisíacos. No podía mantenerlo por mucho.
—Déjame follarte, linda—, le susurra al oído, mientras tallaba con su miembro el exterior de la vagina de la joven, generando ligeros espasmos.
Como respuesta, deja escapar una risa piadosa—, n-no…ahora no—.
—¿Por qué no? ¿Hm? —, cuestiona extrañado mientras chupa moderadamente el cuello de la joven.
A lo que la señorita le mira pícaramente —. ¿Molesto?
Que sin nada que ocultar, el peli teñido le confiesa en un tono dominante—: Sí, dámela a mí—, a lo que comenzó a estimular haciendo presión en la entrada de su vagina, volviendo a frotar el clítoris con su glande simultáneamente.
Naturalmente, ahogó un temeroso quejido, seguido de una fuerte tensión en sus muslos como rechazo por la intimidante imposición. Pensando que pudo haberlo hecho enojar, la oji verde le mira de escorzo, mientras que mueve levemente su cadera con el miembro atrapado de por medio, esperando que su compañero entendiera su posición.
—Va…—, suspira sin haber conseguido su cometido—, aprieta las piernas—; dijo dándole una nalgada, haciéndola avergonzar al inicio—. Convénceme—; ordenó sarcástico, a lo que la jovencita intimidada a gusto, se apoya de las esquinas del mesón, balanceándose de acuerdo a lo que ella podía dar. Gemía con poca vergüenza Ecta, mientras que, desde la perspectiva del mayor, veía caprichoso el joven trasero de la oji verde, calificando el cómo impactaba contra su cadera.
Acomodándose en su clásica posición, Izeth abraza por detrás a su compañera, rodeando con un brazo su cintura y con el otro logrando alcanzar su hombro, prensándola fuertemente a él. Comenzando hacer su rol como hombre, el sonido de las pieles chocando con humedad, iban y venían dada su velocidad, haciendo que eso y los gemidos compartidos fuera lo único que se escuchaba en el apartamento.
—Deja…me ser el primero… déjame ser…lo—; le susurraba lascivo en su oído, agitado dado el repetitivo movimiento que ejecutaba a su aprisionada compañera, que trataba de castigar los quejidos y derivados, mientras apretaba su mano sobre sus labios, negando la solicitud que el mayor le suplicaba.
El vaivén de emociones fuertes que estaban experimentando, lo confundían embestida tras embestida. «¿Por qué? ¿Por qué no quiere? ¡Soy quién merece serlo!». Era lo que por momentos venía a su cabeza, combinando la excitación junto con la molestia que le perturbaba de que ella rechazara su oferta, no se había percatado que estaba descargando su conflicto en el acto, haciéndolo cada vez más fuerte; hasta que dado la cantidad de líquido que bañaba los genitales de ambos, la forzada aprehensión y mala praxis íntima, terminó por desviar el endurecido falo, convirtiéndolo en tal cual lanza contra la joven, penetrándola de golpe.
Un inesperado chillido los frena, seguido de forzados quejidos entre excitación y dolor, congelaron al mayor; que seguía abrazado de la joven, a diferencia de ella; había perdido por un segundo la fuerza en sus piernas, temblando como cordero recién nacido.
—¿E-…estoy dentro de ti? —, consultó perplejo el mayor, echándole un vistazo por el rabillo del ojo a su cadera que estaba totalmente adherida a la retaguardia de la señorita.
—¡Hg-hah! ¡Ah-! —, respiraba ansiosamente como auxilio—, N-no sé… ¿A-así se siente? —, opinó tratando de no desbordarse en llanto.
—¿En verdad…? —; siguió anonadado el mayor, que, aunque no fue la mejor idea, empujó levemente, haciendo que la joven ahogara otro quejido.
—¡Sí i…diota! —, exclamó adolorida.
«Vaya que sí la he regado…». Pensó culpable.
Por un segundo aligeró el agarre que le tenía a la joven, quería darle su espacio, pero ella misma se aferra a sus brazos—, ¡No me sueltes, no me sueltes! —, se quejó mientras hacía su trabajo respirando profundamente—, tengo miedo—. Confesó con clara inocencia, mirándole de lado.
El peli teñido guarda un respeto compasivo, aligerando lo brusco que estaba siendo con la jovencita, comienza a besarle suavemente la mejilla que tenía a su alcance, brindándole seguridad—, lo siento—; intentó no reírse—, aún así se siente muy bien—, ocultó su rostro apenado en el hombro de la oji verde, que seguía generando espasmos en su suelo pélvico.
—Huff… hah… ¿P-puedes intentar…? —; sugirió apresurada, ya que de alguna razón no quería enfriar las cosas.
Obedeciendo la interesante idea, alcanzó apenas hacer un par de repeticiones breves, pero la señorita vuelve a sentir las dolorosas puntadas en su interior—; ¡H-hak! ¡Hah! ¡Hnn! —, pasó saliva—; ¡Duele mucho! —, exclamó esta vez frustrada.
Notando el gran esfuerzo que estaba dando de su parte la joven, el peli teñido continúa su actividad progresivamente. Dándole besos a lo largo de su hombro y mejillas, tratando de hacerla sentir cómoda—, hay que seguir—; susurró—, se va acostumbrar y se sentirá bien, ya verás preciosa.
Ecta asintió temerosa con la cabeza, le dedicó una tierna mirada a su compañero a modo de confianza en lo que hacía. Primero movía ligeramente su cadera para acariciar el tierno interior de la señorita, dado el miedo y lo recién estrenada que estaba, la rugosidad la sentía claramente el mayor, aumentando la sensibilidad en su miembro.
—Hah…Hg…qué bien se siente—, dijo Izeth experimentando un increíble éxtasis, el coño de su compañera lo tenía dominado; él solo podía gemir y gruñir en su oreja, estaba tentado en apretar y aruñar el femenino cuerpo de la joven, pasaba sus manos por el busto y pellizcaba moderadamente sus pezones. En su lugar la jovencita respondía por cada caricia un gemido más intenso y pasional que el otro, ambos estaban envueltos en un nuevo problema, y no sabían cuando parar de desearse.
Hasta ese momento pudo escuchar que Ecta había dejado de musitar quejidos y más bien, sus gemidos comenzaban a ser dulces y lascivos al mismo tiempo, volviendo a traer al Izeth controlado por la sensibilidad de su miembro—, b-bien hecho linda, qué bien lo estás haciendo…—. La felicita seguido de un duro chupón en su cuello, haciendo temblar a la sumisa joven, que había comenzado a gotear el suelo.
—¡Hah! ¡Hahh! S-se siente muy… muy bien… I-zeth—, gimió complacida.
Sin poder contener más aquel ritmo, el mayor se apodera de la cintura de la joven, aumentándolo a la marcha a la que está acostumbrado. Inmediatamente la oji verde se apoya del mesón, atemorizada por el cambio de velocidad.
—¿Q-qué v…? ¡Ah! ¡Hgg...Gah! —, gimió sorprendida por la confusión de sensaciones—. ¿¡Voy a…?! ¡Espera! ¡Ah! ¡Creo que voy a orinar! —, exclamó abrumada.
Por experiencia, terminó de impactarle saliéndose de su ser, logrando hacer que; el coño de ella quedara goteando de lo que parecía ser aquel líquido inodoro.
—¿Terminaste? —, consultó bajo una sorpresa aprobatoria, a lo que se recomponía la fuerza en sus piernas.
—¿Q-qué? ¿Terminar qué…? ¡M-me hice pis! —, exclama abochornada—, l-lo siento…hah… qué sucio fue eso, antes de esto fui al baño…no sabía que podía hacer esto…—. Se esconde el rostro con ambas manos, intentando encontrar una hipótesis para explicar su reacción física, mientras que Izeth; evitando soltar una carcajada, aprovecha para descansar sus piernas entumecidas por la flexión.
—Oye…oye—; dijo riéndose—, eso quiere decir que lo estás disfrutando—. Le sonrió con cierta ternura, aproximándose para continuar con el acto
Abochornada aún por su conducta escondió su rostro en el pecho del mayor, haciendo seguimiento de lo próximo que deseaba hacer.
Haciendo a un lado lo que entorpecía el agarre de ambas piernas de la señorita, Izeth se las maniobra para levantarla con experiencia, haciendo que se aferrara como un gato asustadizo a su torso.
—¡Eh…! —, exclamó tímida—; ¿A d-dónde vas? —, cuestionó apenada.
Viéndola de frente, el peli teñido hace una expresión de extrañeza, mezclado con burla—, eres muy incómoda.
Antes de que pudiera hacer una réplica defendiendo su posición, el mayor se deja caer sobre el sofá sin perder de vista el apenado rostro de la señorita.
Reposando una de sus manos sobre la espalda de ella, tratando de amansar su disposición como un gato, se recostó sobre él, cuando de repente, vuelve sentir aquel espectro fálico en su ser.
—¡Mh-Hah! Espera—, susurró apresurada la dama, que yacía completamente sentada sobre la cadera del mayor. Pero este ejerce fuerza aprisionando al menos su cadera baja con sus brazos.
—Así sí se siente bien—, comentó satisfecho, sin quitarle la mirada de los gestos de placer y dolor de Ecta.
—¡Hah-Eeekh-! Hah Iz-eeeth. ¡Ah! —, gemía tras ser embestida eufóricamente por el hombre, que la manipulaba con absoluta experiencia.
Se alternaban apenas las miradas a una distancia moderada, ya que era lo que sus estaturas les permitían espectar.
La oji verde no ocultaba sus expresiones, apretaba sus ojos y se mordía los labios para no hacer más escandalo en esa mañana. Ella misma no imaginaba que fuera aquel mismo hombre que le provocaba su lujuria, estuviera cumpliendo su mayor sueño húmedo sobre su sofá, en el apartamento que su intenso prometido le ayudó a conseguir.
Tras el vaivén de pensamientos que la pervertían, no veía llegar tan pronto aquella sensación de climax que era difícil retractarse. Apurada por casi terminar, levantó la mirada, sincronizando por sí misma el movimiento repetitivo que le permitía sentir a su compañero, pero más intenso.
—¡Ahhg!... Hah… creo que ya… sí… sí voy a ¡Hmm! —, tarareó sofocada de calor. Sin darse cuenta era quien estaba moviéndose sobre la cadera del mayor, que la espectaba cómodo desde su posición, no quería perderse el cómo era la madre de su hijo quién tenía un orgasmo totalmente causado por su fuerza y voluntad.
—Venga, sí. ¡Así se hace, muévete joder! —, apoyaba lascivo el mayor, que le ayudaba con leves movimientos a la dama.
Ecta no podía más que ofrecer acortados y torpes movimientos, se sujetaba apretando la tela de la camiseta de Izeth, quedándose paralizada—, ¡Hahh! ¡Sii!!—, exclamó soltando su último gemido. Sin quedarse corto, la ayudó prolongar las sensaciones, forzándola a quedarse en su lugar, sintiendo los fuertes espasmos que su tierno interior producía.
«No mierda, yo tampoco lo soporto ya», se dijo en última instancia tras sentir cómo terminaba su compañera con su miembro dentro. Así pues, tan pronto comenzó su climax, aprovechó dándole vuelta, tirándola sobre sofá, quedando a total merced de él. Se terminó de estimular eufóricamente sobre ella, apreciando el semidesnudo cuerpo de la dama y su rostro sonrojado dado al golpe de placer ultimado, fue el perfecto shot para bañarla en sus calientes fluidos que salían disparados con fuerza.
—Haaah…hah—, gimió complacido.
Una escandalosa alarma llama la atención de ambos, cortando con el extraordinario momento.
—¿Te llaman? —, preguntó la oji verde, relajando su ritmo cardíaco.
Pero, por otro lado, el peliteñido se queda pensativo con cierta extrañeza—. No… esa es… mi alarma para salir a correr, pero… la había apagado ¿Ya…? —, comentó confundido.
La señorita sólo lo observaba a la expectativa de algo, pero Izeth aún no se percataba de lo que sucedía.
—Oh ya—, dijo pesadamente aburrido—; ¿Es un sueño verdad?
—Vaya pedazo de pervertido que eres—, opinó molesta.
Antes de que pudiera lanzar otro comentario, abrió sus ojos con cierto marco de pereza, escuchando cómo se hacía más y más intensa la alarma a su lado.
Un par de golpes a su puerta lo terminan de hacer consiente que había vivido uno de los sueños más lúcidos e intensos en esa temporada—. ¿Acaso no piensas irte a trabajar? —, reconoció la voz que recién había protagonizado su fantasía onírica, en aquel tono de molestia matutina.
«Hasta molesta se escucha dulce», opinó atontadamente triste.
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Este fue el escrito que hace unos años había hecho y que me daba vergüenza publicar. Hahaha. Espero haya sido de su agrado.
Comments
Finalmente puedo volver a suscribirme. Disfrutare de esta lectura mientras ceno 👩🏼🍳👌🏼
2023-07-26 03:05:02 +0000 UTC*Se muere pero revive* Usted sabrá mis comentarios por privado, señor mimoso.
Hatzzy F
2023-07-20 17:02:47 +0000 UTC