1 ¡Oh, piel de alabastro,
más blanca que la luna al despuntar la noche,
más suave que lino mojado por rocío del cielo,
tú, a quien toqué con temblor y reverencia,
como quien pone mano sobre altar sagrado!
2 Mi alma se estremeció al rozarte,
como las hojas tiemblan al paso del viento,
pues eras fuego oculto en nieve,
y dulzura envenenada de los labios que besan
pero no perdonan.
3 Y me hundí en ti con hambre de siglos...
Amén.